Crónica de la Puebla de los Aroles

6º Parte

Llegando por la senda de la rambla, Faustino que había partido por la mañana hacia Villacienaga para la compra de una bestia que le ayudara con las tareas del campo y porque no, también en las tareas de las casa, entonaba una pegadiza melodía, melodía muy parecida a la que días atrás Antonia "la peladilla" tarareaba desde lo alto del campanario justo antes de partir volando hacia Francia, tierra de provecho y de disfrute, en donde Antonia fue contratada en la noble profesión de Puta, dejándole mucho tiempo libre y repercutiendo notablemente en la economía de su familia y en la de todo el pueblo.



Faustino gran negociante y mejor barbero se hizo con los servicios de un asno de pelo corto, color plata y quizás un poco viejo pero con la facultad de memorizar y recitar todo lo que fuera capaz de leer. Alucinado por tal hecho y envidiando por la astucia para los negocios de Faustino, puesto que el dicho asno solo le había costado 25 reales, Vicente, el ingeniero del pueblo decidió recomprarselo, y por la suma de 50 reales fue suyo. Una vez en la casa de Vicente este intentó poner en practica tal facultad dejándole al noble asno un libro que albergaba las coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Un vano intento puesto que el viejo asno no parecía entender lo que se escondía entre las solapas de aquel libro. Indignado Vicente se paso por la barbería a dar las quejas a las que Faustino le contesto que no le habia mentido, si el asno no recitaba nada era porque no sabia leer, si fuera capaz de enseñarle a leer seguro que era capaz de recitar todo lo que leyese de memoria. Pensándolo bien Faustino llevaba razón y resignado Vicente regreso a casa, ya sin el burro que lo regaló a una familia de gitanos que pasaban por el pueblo, de todos modos estaba todo perdido, como enseñarle a leer a un asno tan mayor, eso era imposible.

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