Asesinato en Noche Vieja

Cogió su mano y la colocó sobre la mesilla, sentía como aquella chica con la mirada llena de lágrimas le pedía clemencia. Sin pensarlo levantó el hacha y de un golpe seco en la delicada muñeca de la chica separó su extremidad del cuerdo. Un gran grito seguido de un gran llanto se escuchó en toda la habitación, poco después la chica se desmayó.



Esperaba con paciencia, mirando su cuerpo desnudo y su mano amputada, estaba atada con firmeza en una silla de madera y mimbre. Finalmente la chica volvió en sí, y poco después de volver y tomar conciencia de donde estaba, la chica con palabras entrecortadas le preguntó -¿Por qué me haces esto? a lo que contestó –La vida no tiene un porque - La chica asustada gritaba y gritaba, parecía que nadie le oía, en fin de año en un hotel de Ibiza quien iba hacer caso a unos grititos.

Sin más rodeos alzó el hacha con fuerza y le atravesó el cráneo, toda la habitación había cambiado de color, era ahora de un rojo intenso.

Poco a poco troceó el cadáver de la chica con su hacha y guardó en el armario los trozos, todos excepto la mano que le había cortado anteriormente a la chica, esta la guardaría como recuerdo, así que la lió en papel y la metió en su bolso. Después se duchó en la misma habitación, no podía salir de toda sudada y llena de sangre, así que cogió un bonito vestido negro de noche y unos pendientes de la maleta de la chica y se los puso, luego se maquilló para seguir disfrutando de la fiesta de fin de año.

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Pensamiento crepuscular

Nunca pensé que me daría cuenta de que estoy muerto, pero así es, estoy definitivamente muerto. Mi camiseta blanca llena de sangre, estoy tirado en el suelo inmóvil, y noto una extraña sensación…bueno no noto nada, esa es la extraña sensación, todo esto y las puñaladas que me han dado en el muslo, estomago y creo que también en el corazón son las mayores pistas que tengo para saber que estoy muerto.

Ya han pasado varias horas alguien podría haberse dado cuenta ya de que estoy tirado en la alfombra de mi salón, joder Rocío se va a poner furiosa está todo lleno de sangre, aunque pensándolo bien ese no será el mayor de sus preocupaciones cuando vuelva de casa de su hermana, ¿un marido en el suelo muerto? Esa si que es una buena preocupación.



Tengo que levantarme y llamar al doctor Valera, he vuelto a crear una ilusión que no existe, mas me vale recoger todo este desorden antes de que venga Rocio, joder Rocio no existe, y que desorden hablo si sigo sentado en el sofá, he vuelto a caer. Aunque sea tarde tengo que llamar al Doctor Valera.

- Yo: ¿Doctor Valera?
- Doctor: Si, dígame.
- Yo: Soy Víctor García.
- Doctor: ¿Quién?
- Yo: Si, Víctor García, soy paciente suyo.
- Doctor: Caballero por favor no haga bromas, yo soy antropólogo.

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Crónicas de la Puebla de los Aroles

6º Parte

A las 12 en punto como todos los Domingos el Padre Saturnino sermoneaba a todos los asistentes a la misa. La pequeña iglesia de la Puebla de los Aroles justo antes del esperado acto se llenaba de gente de todos los rincones de la geografía peninsular, e incluso de Torrelodones, todos expectantes a ese acto sacramental. A punto de comenzar, un sujeto nunca antes visto por estas tierras interrumpió en tan esperado acto. Ataviado con una indumentaria típica de un pastor de los Alpes Suizos, como todos saben; sombrero de copa y chaleco de piel de conejo, se acercó al altar lentamente, cruzando toda la nave central bajo la atenta mirada y los silenciosos cotilleos de todos, sobre todo de la Agustina, hay que ver lo que le gusta a esta mujer criticar. Bueno, al llegar al altar tosió un par de veces para aclarar la voz y grito a plena voz, -¡Buenos Dias! Después con serenidad y lentitud se marchó dejando así que continuase la misa.

Después supimos que se trataba del novio de Juanita, la ñaja, que se marchó a Francia de niña y que había venido de vacaciones para no olvidar sus orígenes acompañado de su fabuloso novio. Pero que inteligente y que gran educación, como se nota que en Francia nos lleva años de ventaja.

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Los Amantes de Teruel

En los primeros años del siglo XIII vivían en la ciudad de Teruel ,Juan de Marcilla e Isabel de Segura, cuya temprana amistad se convirtió pronto en amor. No querido por la familia de Isabel, debido a que carecía de bienes, el pretendiente consiguió un plazo de 5 años para enriquecerse. Así pues , partió a la guerra y regresó a Teruel justo cuando había expirado el plazo. Para entonces, Isabel ya era esposa de un hermano del señor de Albarracín. Pese a tal hecho, Juan consiguió entrevistarse con Isabel en su casa y le pidió un beso; ella se lo niega y el joven muere de dolor. Al día siguiente se celebraron los funerales del joven en San Pedro; entonces, una mujer enlutada se acercó al féretro: era Isabel, que quería dar al difunto el beso que le negó en vida; la joven posó sus labios sobre los del muerto y repentinamente cayo muerta junto a él.



Copiado descaradamente de la Wikipedia, en una tarde de gandulitis.

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